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lunes, 15 de diciembre de 2008

Madoff: Limpieza del sistema o solución a la griega

Luis Aparicio Pérez
Director de Contenidos de INVERTIA


Se acaba de descubrir una estafa piramidal en la élite de Wall Street al estilo de las que normalmente se conocen entre empresas de crecepelos o productos adelgazantes. En este caso no ha engañado a cuatro incautos necesitados de un empleo y deseosos de alcanzar el éxito en la vida, sino que la crema y nata del principal mercado del mundo ha caído en esta burda trampa de las pirámides. La portuguesa Doña Branca o el hispano Antonio Camacho han sido ejemplos ibéricos de este timo en el que la víctima comete un gran error: creer que es posible sacar leche de una alcuza.
Nunca he creído en los que dan duros a peseta. Además, mi padre me enseño aquello de que “el más tonto hace relojes” con el fin de no creerme yo más listo que nadie. La empresa del señor Madoff ha timado a los más ricos, generalmente, los mejor informados y también a grandes instituciones financieras muy solventes. Y lo que es peor a la propia SEC estadounidense, hasta hace unos meses, paradigma del buen hacer en la supervisión de los mercados financieros de todo el mundo. Y eso que, al parecer, el mejor sheriff del mundo había sido avisado.

También a diferencia de otros timos, el importe es gigantesco, astronómico y a escala planetaria. Por si no se entiende lo suficientemente bien, Madoff ha hecho un agujero a sus incautos que se creyeron más listos que nadie la nada despreciable cifra de 6 billones de las antiguas pesetas, es decir, 37.000 millones de euros. Eso es, al menos, lo que se estima de momento. Comparen este dinero con presupuestos de pequeños países o con ministerios en España. Comparen, comparen...

La estafa piramidal -insisto en el corazón de Wall Street- es la gota que colma el vaso sobre cómo se supervisan los mercados, sus productos y sus intervinientes. Si llevamos meses dando por buenos continuos excesos, garrafales errores de cálculo, prepotencias de nuestros próceres y comportamientos cercanos a lo delictivo, el escándalo piramidal exige que por fin se pidan responsabilidades a los señoritos de la calle Wall.

Madoff es culpable, es un estafador al que le pueden caer 25 años de cárcel, pero los que han alimentado una crisis de billones de dólares o euros siguen en sus sillones tan tranquilos, impartiendo doctrina. En el mejor de los casos muestran su generosidad renunciando a un bono que, por cierto, no existe.

Las agencias de calificación siguen emitiendo sus ratings con total tranquilidad, sobre empresas, bonos, países como si nunca hubieran roto un plato. Los bancos siguen enrocados en sus apuestas inmobiliarias y en sus derivados como si nada de esto fuera con ellos. Y nadie ha visto la dimisión de ningún supervisor de mercados o de entidades financieras, muchas de las cuales como Madoff tenían de facto montada una banca paralela con sus derivados de riesgos imposibles. Espero que esta estafa piramidal tenga de positiva el comienzo de la petición de responsabilidades a un sistema financiero que ha hecho un roto a la economía real. El populacho quiera ya ver a los culpables, imputados y en apuros. De lo contrario, puede que las masas opten por una solución a la griega.

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